—Bien, balbuceó Agiab levantándose; ¿y qué he de hacer?

—Invertir bien este oro, dijo el canciller, abriendo un armario y arrojando una bolsa á los pies del judío, que la alzó; y ahora salir por aquí.

El canciller tomó la lámpara que alumbraba sobre la mesa, llegó á uno de los muros y oprimió un resorte. El muro se rasgó como obedeciendo á un conjuro, dejando descubierta una oculta salida, por donde se perdieron el hebreo y el canciller.

Media hora después, Agiab llegaba á la horca del collado de la Torre al mismo tiempo que Godofredo. Saul habló algunas palabras al oído del verdugo, y éste le hizo entrar en el sótano de la horca, cuya puerta se cerró tras ellos. Algún tiempo después se abrió; el judío se dirigió á la puerta de Lions-Gatte, y la hizo abrir á fuerza de oro. Bajó á la ribera del río, llamó á una cabaña de pescadores, y á precio exorbitante compró una pequeña lancha. Poco después, protegido por la niebla se ocultó bajo el arco de la Torre del Traidor.

XIV
EL VERDUGO DE LA TORRE

LA escena que había tenido lugar entre el rey y el verdugo fué muy corta.