Godofredo entró y se arrodilló ante el rey, permaneciendo en aquella postura.

-¿Cómo te llamas? le preguntó el rey.

-El verdugo de la Torre, contestó Godofredo sin levantar la vista del suelo.

-Tu nombre, insistió el rey.

-No tengo nombre.

-¿Cuánto tiempo hace que ejerces tu profesión en la Torre?

-Dos años, señor.

-¿A qué clase pertenecías antes de ser ejecutor?

-Lo he olvidado, señor.

Nublóse el semblante del rey, cuya mirada estaba fija hacía algunos momentos en el semblante de Godofredo; creyó reconocer en él á un antiguo amigo; pero estaba tan desfigurado Godofredo, que rechazó esta idea como un delirio.