—Aquí, hermano de la niebla; en la plaza del mercado, Jorge Rak, mercader de paños y lienzos.

Arrancóse el antifaz, y el verdugo vió en el semblante de este hombre, venerable ya por su ancianidad, otro antiguo conocido.

Sentóse Jorge Rak, y el presidente de aquella extraña asamblea se dirigió al tercer hombre.

—¿Quién eres, y cómo te llamas?

—Hermano de la niebla aquí, estudiante de teología en la Universidad; mi nombre es Williams Caridemus.

Descubrióse y dejó ver un semblante alegre á pesar de la gravedad de que quería revestirlo; un semblante picaresco y atrevido, con la bulliciosa sonrisa del estudiante vivaracho, que sólo cuenta dieciocho años. Sentóse y llegó el turno de ser interrogado en la misma forma al segundo hombre, que respondió:

—Soy hermano de la niebla, cortador de la muy noble carnicería de la buena y leal ciudad de Londres (el carnicero recalcó estas últimas palabras), y me llamo John Asta-de-buey; tras esto sentóse; despojóse del antifaz, y dejó ver un rostro orlado de larga cabellera, barba negra y revuelta, cejas descomunales, ojos atrevidos, nariz ancha y roma, y boca de estremada magnitud.

Sólo nos falta conocer la fisonomía, el nombre y la condición del presidente, que á su vez despojóse del antifaz, y dejó descubierto un semblante noble, majestuoso y dulce á la par, de color blanco mate, en que se marcaba un temperamento nervioso, de ojos grandes y lánguidos, de mirada fija y escudriñadora.

—Yo soy como vosotros, hermano de la niebla, abogado, y mi nombre Adam Wast.

Sentóse, y después de un momento de silencio, dijo: