A una seña del rey, aquél fué sujeto por la cintura y por los brazos con correas unidas á él; á pesar de su carácter bravío, Adam Wast palideció y murmuró una plegaria pidiendo fuerzas, no sabemos si á Dios ó al diablo.
—¿Te obstinas en callar? preguntó Ricardo.
—Nada tengo que decir acerca de eso, más que lo que he dicho.
—¡Una cuña! gritó el rey al atormentador.
Los pies de Adam Wast fueron colocados en el cajón; entre ellos puso el negro dos tablas, y entre las tablas introdujo una cuña de encina que hizo entrar á golpes de maza en la juntura.
Una convulsión agitó los miembros de Adam Wast, y su semblante se contrajo devorando una expresión de dolor.
El rey se volvió á Robín.
—Empieza tu acusación, le dijo.
Un sudor frío, sudor terrible, como debe ser el de la agonía, pasó por Robín, á quien el miedo enmudeció.
—¡Al potro! dijo el rey.