El rey mandó sacar la tercera cuña. Adam, doblegado, vencido por el tormento, lo confesó todo, y nombró por cómplices al príncipe Juan, al gran justiciero Huberto, al judío Saul y á los condes de Sidney y Oxfford.

Cuando hubo concluido, pidió gracia al rey.

—Concedida, contestó Ricardo; en vez de morir ahorcado como un villano, serás degollado como un noble.

—¡Perdón; señor!

—¡Miserable! si sólo hubieses atentado á nuestra corona, si sólo á nos hubieses herido, podría el rey perdonarte; pero tú has violado una mujer, la has adoptado como un medio á tu ambición, la has hecho desgraciada, á pesar de que sabías el secreto de su nacimiento; después has conspirado, y el incendió de Sowttwark y la sangre de algunos inocentes pesan sobre tu cabeza. ¡Ola, sacerdote! preparad á este hombre para que muera en el término de una hora; Glow, haz que se prepare su ejecución en la Torre del Traidor; ejecutor de la Torre, dentro de una hora me presentarás su cabeza.

El atormentador desató las ligaduras del reo; sentáronle en un sillón, y conducido por dos archeros, siguió al verdugo, que caminaba delante llevando un saco de cuero y el hacha al hombro con el filo vuelto hacia él.

El rey y el príncipe quedaron solos.

—En cuanto á tí, Juan, esta misma noche partirás en la galera que me ha traído á Francia, donde el rey te señalará una renta digna de un príncipe real.

—¡Oh! ¡muchas gracias, querido Dik! me acabas de dar un brillante espectáculo, y concluído me envías á París. ¡ Muchas gracias! Bien mirado, ya estoy hastiado de Londres.

Llegaban á la puerta, cuando un hombre armado se precipitó en la sala; era Surrey.