Y apoderándose del brazo de Surrey, salió.

El tercer pergamino que el conde había guardado decretaba el arresto de los condes de Sidney y Oxfford.

XVIII
EN QUE EL REY ENCUENTRA OTROS DOS HERMANOS

EL rey se precipitó en su cámara, y se arrojó á los brazos de un hombre, que con la misma efusión le salió al encuentro; era al anciano conde de Salisbury.

—¡Oh! ¡por San Jorge! gritó el rey; he de perpetuar la memoria de este día en un monumento; ha sido muy feliz para mí.

—Y aun puede serlo más, señor, porque podéis cumplir la última voluntad de vuestro padre.

—¡Oh! sí, la cumpliré, dijo el rey; pero estoy impaciente por conocer tu historia, milord: te escucho.