Nortumberland permaneció á la puerta.
—¿Qué edad tenéis, milord? preguntó Corazón-de-León á Espada-larga.
—Veinticinco años, señor.
—Hincad una rodilla en tierra, milord, y leed.
Espada-larga dobló una rodilla, y empezó á leer en voz alta la cédula de Enrique II, que le había entregado el rey; cuando llegó á su nombre, su voz, antes segura, tembló.
—Esto no puede ser, señor; exclamó Espada-larga, fijando en el rey una mirada profunda.
—Y sin embargo, milord, contestó el rey, yo, Ricardo Plantagenet, hijo legítimo de su alteza Enrique II de Inglaterra, rey por muerte de nuestro padre del mismo reino, os reconocemos á vos, Ricardo Plantagenet, marqués de Tiro, conde de Chifford, como hijo bastardo de nuestro padre, y de lady Rosmunda, condesa de Chifford, alzad.
Espada-larga se levantó aturdido. El rey le abrazó y le besó en la mejilla.
—Y porque sabemos, añadió el rey, que es vuestro deseo tomar por mujer á lady Ester Salisbury, condesa de Salisbury, tenemos á bien concederos nuestra licencia, y señalar vuestras bodas en un plazo de tercero día.
Ester dió un grito de placer, pero se contuvo. Vió á Ketti trémula, pálida, apoyarse en la mesa, y vacilar. Espada-larga se contuvo también por la misma causa.