Espada-larga tomó la cédula.

—Pero aquí, señor, se manda prender al gran justiciero y al lord guarda-sellos.

—Hacedlo pues.

—¿Y se comprende al príncipe Juan en esta cláusula: muertos ó vivos?

Meditó un momento el rey.

—Juan-sin-tierra no; si resiste, cercad el lugar donde se halle; si apela á la fuerza, sujetadle ¡vive Dios! y encerradle. Cien hombres bien pueden aherrojar á un león. En cuanto á los demás, sin piedad.

Espada-Larga tomó cien archeros, y se dirigió á Whitehall.

—Y vos, Surrey, continuó el rey, buscad los heraldos reales, que deben estar en la Torre, y con suficiente escolta id con mi pendón á Cheapside, y proclamad á son de trompeta la vuelta de Ricardo I, rey de Inglaterra.

Surrey tomó el pendón, y salió.

—Ahora, Nortumberland, seguidme a los calabozos.