—Señor, dijo con miedo, el príncipe Juan da un festín esta noche á los nobles en Whitehall, y ha mandado preparar la cena en el gran salón del Consejo en White-Tower para después del festín.
Concluida esta contestación, Glow y los pajes desaparecieron, quedando otra vez solos el rey y Nortumberland.
—Ya lo ves, milord, dijo Corazón-de-León mientras devoraba un pernil de vaca; ya lo ves. El pueblo tiene razón, ¡uñas de Satanás! Insultan su miseria, haciéndole oir el rumor de los festines, dándole á oler el aroma de sus comilonas. ¡El pueblo tiene razón! le sangran para engordar con su sangre; la alegría de esos miserables es la muerte de Inglaterra. Y bien: ya que hemos encontrado pan, tomémoslo; que esos leales servidores que acaban de salir de una prisión gocen de esos preparativos de orgía; que se entreguen al soldado los vasos de oro y los paños de púrpura. Haz que se lleven esto; he concluído.
La cena de Corazón-de-León había sido, como siempre, muy parca. Los pajes entraron y recogieron el brillante servicio; dejando sólo los candelabros de oro.
Sentóse el rey junto á la chimenea.
—Que entre el preso, dijo.
Nortumberland hizo entrar al preso, y salió.
Corazón-de-León y Robín quedaron solos.