Por esta vez el rey se dominó y tornó á sentarse; su voz más ronca, más profunda que antes, se dejó oir dirigiéndole á Robín la palabra:
—Sigue.
Robín prosiguió:
—De los amores del rey y de la bailarina nació una niña; antes de espirar, el rey llamó á Ketti y la dijo: si mi Ricardo es rey, dile que muero perdonándole; que proteja á tu hija, porque esa es la última voluntad de su padre moribundo.
—¿Y dónde está esa mujer? preguntó el rey, cuya mirada se dilató.
—Ketti, señor; ha muerto, y su hija vive en el collado de la Torre, frente á la horca, junto á los muros de la iglesia de All-Hallow.
—¡Su hija!
—Su hija, señor, es la esposa de Adam Wast.
—¡Esposa de Adam Wast! exclamó el rey con extrañeza.
—Aun no he concluído, señor, contestó Robín. Después de aquella catástrofe, Ketti enloqueció, y nosotros la tuvimos algún tiempo, y criamos la niña. Cuando murió el rey, Ketti, que así se llamaba, sólo tenía dos años; á los doce era la más hábil costurera de Londres.