Robín calló, porque había llegado al cabo de su revelación.
—De la verdad de lo que me has dicho me responderá tu cabeza, dijo el rey. ¿Pero quien me podrá probar que esa Ketti es mi hermana?
—Señor; el único que podía era el conde de Salisbury y ha muerto.
Corazón-de-León recordó entonces lo que el llavero Stek había dicho era causa de su prisión. Aquellas palabras: El obispo de Eli se empeñó en creer que no se había derramado sangre en el calabozo donde murió el conde de Salisbury... yo había lavado la compuerta después de la ejecución, hicieron nacer una vaga sospecha en el pensamiento del rey.
—¿Y vive aún el verdugo que ejecutó al conde de Salisbury? preguntó á Robín.
—Sí, señor; aun es ejecutor de Estado de la Torre.
—¡Ola! ¡Nortumberland! exclamó el rey.
Nortumberland, que por el momento desempeñaba las funciones de gentil-hombre, entró.
—Haz que lleven este hombre á una torre que le pongan un lecho, y le traten bien. Ve, continuó el rey dirigiéndose á Robín; sí pruebas que es cierto lo que dices, el rey te recompensará.
Nortumberland llamó á Glow, y le trasmitió la orden del rey. Glow condujo á su destino á Robín.