Hallóle en la parte baja del pueblo junto á las tapias.
—Empezaba á impacientarme, le dijo.
—He tenido que engañar á Aben-Aboo para separarme de él.
—¿Y sospecha algo?
—Nada: solo espera con impaciencia que llegue la hora.
—Poco tardará en sonar, ya son las nueve. Entre tanto podemos hablar nosotros, y ponernos de acuerdo.
—¿Pues qué estamos discordes?
—Si; y este es un mal presagio.
—¿Y en qué consiste esa discordancia?
—En que todos teneis ambicion, y vuestras ambiciones encontradas, seran la causa de nuestra ruina.