—Señora, dijo; vuestro hermano don Fernando, que viene con otro caballero, desea veros.
—Dí á mi tio, contestó Aben-Aboo, que pase á mi habitacion.
—No, no, dijo doña Isabel: díle que entre aquí.
El esclavo salió.
—Acaso mi tio me busca á mí, no á vos, señora.
—Tu tio, dijo á la puerta Aben-Jahuar, os busca á todos; pasad, primo, pasad; hermana, te traigo un antiguo conocido.
Y adelantaba llevando de la mano á Yaye que temblaba como un niño.
Todos se pusieron de pié.
Aben-Aboo miró con recelo á su tio: doña Isabel fijó una mirada atónita, vaga, indescribible en Yaye, y Angiolina al ver al emir se puso sumamente pálida.
—¿Qué es esto, dijo Aben-Aboo? pues no me habiais dicho...