—Le juzgas con demasiada ligereza.

—¡A qué ha traido esa comedianta de Granada! ¿sabes tú quien es esa comediante?

—Solo sé que es una ilustre dama viuda...

—Tu hijo afrenta á su madre permitiendo que se la engañe, que se la escarnezca: esa mujer es enemiga á muerte de mi hija, enemiga mia: Aben-Aboo, uniéndose á ella, se conjura contra mí que le he colmado de beneficios; acaso se apresta á ser el brazo de exterminio de esa mujer.

—¡No, no! ¡Dios no lo permitirá!

—Nuestros padres han cometido sin duda grandes pecados, porque estamos malditos de Dios.

—¿Has venido á acabarme de rasgar el corazon?

—Solo un medio de salvacion nos queda.

—¿Cuál?

—Sé mi esposa...