—Y siendo yo tu esposa...
—Cuando seas mi esposa, Aben-Aboo sabrá quien es su padre.
—¡Otro sacrificio..!
—Te lo pido por nuestro hijo...
—¡Pero si es ambicioso..!
—Cúrele yo del amor de su hermana, que ya sabré buscarle en Africa un reino donde mande á su placer.
—¡Ay! no tengo esperanza ninguna, Yaye.
—Ni amor tampoco.
—Amor si; y un amor desesperado: lo sabes: te lo escribí hace veintidos años: te amaré siempre, te dije entonces, y he cumplido mi juramento; yo te amo Yaye, ahora mas que entonces; con toda mi alma, con todo mi deseo, y me pareces mas hermoso y mas grande: pero en medio de los dos se levanta una sombra maldita.
—¿Piensas acaso que yo tuve alguna parte en el asesinato de Miguel Lopez?