—Sí, porque os amo Aben-Aboo, porque quiero que no tengais zelos de vuestro primo Aben-Humeya.
—¿Es decir que vais á ser mi padre...?
—Si.
—¿Que levantaré vuestra bandera contra los castellanos?
—Si.
—Yo habia creido que todo esto era un sueño terrible, dijo con voz casi sepulcral Aben-Aboo.
—¡Te parece terrible mi casamiento con tu madre, mi abdicacion en tí de mi corona! dijo con extrañeza Yaye.
—¿Sabia esto mi tio Aben-Jahuar hace algun tiempo? dijo el jóven señalando con una mirada hosca al morisco.
—No lo ha sabido hasta esta noche.
—Madre, dijo el jóven acercándose á doña Isabel y asiéndola una mano; que Dios os haga feliz; señor, añadió asiendo otra mano de Yaye, os juro que muy pronto habeis de ver el buen uso que hago del poder que me dais.