Reinaban, pues, en la villa, una tranquilidad absoluta y un silencio profundo.

La oscuridad era tambien densa, modificada solo por el débil reflejo de la nieve.

En ninguna ventana, ni aun por los resquicios se veia luz, á excepcion de una casa, en la cual se veia un rojizo reflejo, tras las vidrieras de un balcon.

Aquella casa era la del beneficiado Juan de Ribera.

Ademas la puerta estaba abierta, y en el zaguan se veian dando guarda algunos soldados y dos alguaciles del Santo Oficio, lo que demostraba que el inquisidor Molina de Medrano se habia aposentado en casa del párroco.

Mariblanca, maese Barbillo y el niño de coro, estaban atareados en la cocina, cuidando de cazuelas y cacerolas, lo que demostraba tambien que el beneficiado por temor ó respeto á la Inquisicion, se habia propuesto obsequiar con una excelente cena de navidad al señor ministro de la Suprema, Molina de Medrano.

Maese Barbillo y Mariblanca estaban indudablemente en mala disposicion de ánimo, iban de acá para allá evitando tropezarse, no se miraban y se mostraban silenciosos y ceñudos.

Pero á primera vista se notaba que el ceño y el disgusto de Mariblanca, nada tenia que ver con maese Barbillo, á quien trataba con una indiferencia, y casi podriamos decir con un desprecio, irritante.

El aspecto sombrío de Mariblanca, era la causa del aspecto hosco de maese Barbillo.

Solo el niño de coro se mostraba indiferente, y dirigia la palabra ya al uno ya á la otra, sin obtener por contestacion mas que monosílabos.