—¿Qué os he concedido otro dia mas de lo que os doy ahora?
—¡Ah! ¡ah! es verdad que hace mucho tiempo que me estais haciendo penar.
—Dejadme en paz, Barbillo, y no me canseis con vuestras quejas ni con vuestros zelos; ningun motivo os he dado; ningun favor os he hecho...
—Ya lo creo, como el licenciado tiene ojos de lince...
—Ya sabeis que el licenciado me importa tanto como vos: en una palabra, Barbillo: solo he querido á un hombre; solo he sido de un hombre, y es disparate pretender que sea de otro... lo entendeis... si no lo entendeis, bien claro os lo digo: acordaos de ello siempre, y no me fastidieis mas.
—¿Pero me habeis prometido?...
—Porque no me atosigueis continuamente.
—¿Es decir que no sereis mi mujer?...
—¡Yo!... ni de vos ni de nadie.
—Ya, ya lo creo; no habia querido deciros nada porque no me dijérais que era zeloso; pero se conoce que ha vuelto al pueblo el capitan Diego de Herrera.