—¿Y vos no ireis á la misa del gallo? dijo á Mariblanca.
—Ya veis que tengo que acabar de arreglar la cena.
—Es verdad: como tenemos convidados...
—Señor Barbillo, dijo otra vez el niño de coro: que el señor beneficiado y el señor inquisidor van ya camino de la iglesia.
—¿Nos veremos luego Mariblanca? dijo el sacristan.
—Ciertamente, porque yo creo que vendreis á cenar...
—Despues...
—¿Despues de la cena?
—Sí.
—Tengo un convidado...