—Es el mio. Espera, voy por luz.

Mariblanca salió y poco tiempo despues volvió con dos bujías que puso sobre una mesa.

Aquella mesa estaba cubierta por un mantel y por un servicio para dos personas.

—¿Me has convidado á cenar, mi buena hija? dijo Melik-el-Ferih, que él era, mirando de una manera profundamente amenazadora á la jóven.

El Ferih llevaba el trage característico de los monfíes é iba completamente armado.

—Te he convidado para que conozcas á tu hija.

—Tú deshonraste á tu familia.

—Me cegó el amor de un hombre.

—Tú renegaste del Dios Altísimo y Unico.

—Por salvar la honra de mi familia.