—Tú huiste de mi casa.
—Creí haber matado al infame que se burló de mí.
—Has sido manceba de un clérigo.
—Quien te ha dicho eso ha mentido, padre: tu hija ni ha dejado de ser honrada, ni ha dejado de ser mora. Tú verás, padre, tú verás, cómo satisface tu honra tu hija.
Movió fatídicamente la cabeza el Ferih.
—Si no quedas satisfecho, padre, mátame.... pero espera.... espera.... y verás que tu hija es digna de tí.
—¿Pero qué prueba puedes darme...?
—Estoy esperando de un momento á otro al capitan Diego de Herrera.
—Para cenar con él....
—Sí, para cenar con él. Y ya es la hora, padre, ya es la hora exclamó con voz lúgubre Mariblanca.