El Ferih corria y lloraba.

De repente Alida se retorció entre sus brazos y dió un horrible grito.

El Ferih sintió un estremecimiento de horror.

—¡Padre! ¡padre! exclamó Alida llorando: mátame, porque padezco horriblemente.

El Ferih se detuvo dominado por el horror de la situacion.

Estaba en el campo á la salida del pueblo, y se habia parado bajo el saliente de una roca.

El horror, la fatiga, le obligaron á descansar un momento; se sentó y al poner la mano sobre el suelo se estremeció de alegría.

Habia creido tocar la yerba salvadora.

Arrancó algunos tallos y los mordió.

Entonces lanzó una exclamacion indescribible.