—Como no pudo escapar mi padre, á quien vi revolverse como una sabandija por entre las llamas.

—Ni mi madre á quien quemaron porque decian que era bruja.

—¡Allah Ahbar! (Dios es grande).

—¡Allah Galib! (Dios es vencedor).

—¡Allah Rahman! (Dios es misericordioso).

Y sin saber de donde, salieron á plaza cordeles, y en medio de un tumulto espantoso de carcajadas y silbidos, el inquisidor fue fuertemente atado á la silla, y la silla no menos fuertemente atada á las columnas del tabernáculo.

Volvieron á avanzar los implacables monfíes con las antorchas.

—Esperad, esperad: aun no es tiempo: traed acá á cuantos cristianos encontreis.

Extendiéronse los monfíes por la iglesia, y á poco volvieron trayendo á empellones como unas veinte personas entre hombres, mujeres y niños.

—Pocos son, dijo Aben-Aboo: pero ahí veo á mi buen amigo Lope Gutierrez, corregidor de la villa. ¿Eh? ¿que te parece de esto?