Aquel hombre era Aben-Jahuar el Zaquer.
—¿Y tu hermana? le dijo rápidamente y en voz baja Yaye.
—Está en seguridad en un cortijo de la montaña.
—¡Oh! ¡gracias hermano, gracias! Y volviéndose á los monfíes continuó en voz alta asiendo de la mano á Aben-Aboo, que era el único que vestia á la castellana: ¿Conoceis á este caballero?
—Si, si, gritaron todos.
—Es Sidy Aben-Aboo, de la raza de los Omeyas, añadieron algunos.
—Es mi pariente, añadió Yaye. Desde ahora, leales muslimes compartiré con él vuestro gobierno: obedecedle como á mí mismo: es mi compañero: aclamadle.
—¡Viva Muley Aben-Aboo!, gritaron espontáneamente los monfíes.
—Y para concluir, este otro caballero, Sidy Aben-Jahuar el Zaquer, mi pariente tambien, es el walí de los walíes[25] de Granada y de las Alpujarras.
—¡Viva Sidy Aben-Jahuar! gritaron los monfíes.