—Oigo y no oigo. Es decir, antes se oia tocar á rebato en al convento de San Francisco, y ya no se oye: antes no se oian disparos, y ahora se oyen descargas de arcabucería.

—Seran los vecinos del pueblo que se defienden desde sus casas.

—No, no; solo dispara asi la infantería española; son descargas cerradas.

—¿Pero qué infantería es esa? La compañía de Diego de Herrera ha sido degollada.

—Pero estaba en Yátor la compañía del marqués de la Guardia.

—Pero en Yátor habran entrado los monfíes como en Cádiar, y habran degollado á los soldados.

—Asi es probable que haya sucedido: pero os afirmo, y no me engaño, que tenemos cerca infantería española, mucha y valiente. Esto nos favorece.

—¿Qué nos favorece?

—Ya vereis. No podian presentarse mejor nuestros negocios. Andad, andad mas de prisa, que se nos va acercando el combate. He aquí que estamos en la calle de doña Elvira.

—Creo que os engañais. No veo el farol.