—¿Queriais que los monfíes dejasen ardiendo una luz debajo de una imágen? Llamad.
—¿Dónde?
—Estamos á la puerta de doña Elvira.
—¡Ah! ¿esta es la casa?
—Esta es.
Cisneros buscó el llamador de la puerta, y dió tres golpes.
Vióse poco despues luz por las rendijas y una voz de vieja dijo desde adentro:
—¿Quién sois?
—Vuestra señora me espera, contestó el comediante.
—¿Sois el hidalgo que vino esta noche?