El sargento se vengaba en los soldados de las palabras del teniente, como el teniente se habia vengado en el sargento del exabrupto del capitan: pero hay que notar que aquella venganza aumentaba á medida que descendia.
Los soldados no podian desagraviarse con nadie, porque la venganza habia dado fondo en ellos.
El sargento dió parte á Belorado de que la gente estaba dispuesta, y Belorado se adelantó hácia ellos, y les dijo apoyado en su pica:
—Muchachos: vamos á hacer un reconocimiento sobre los enemigos: esto quiere decir que sopleis las cuerdas para que den pronto fuego. El lance es apretadillo y se os ha buscado para él, á vosotros, que por valientes marchábais en la vanguardia de la companía: ¡cuerpo de Dios! todos habeis estado en Flandes, y ya sabeis á lo que sabe el hierro: ¡voto á... que el que se me vuelva atrás un paso, se encuentra con la punta de mi pica! ¡Treinta legiones! debeis ser valientes porque sois soldados, y... ¡fuego y rayos! acordaos de que estos moriscos son muy ricos y de que podemos encontrar al paso alguna cosa. Con que no os digo mas. Id adonde yo vaya... y en marcha, hijos, en marcha.
Y el teniente, con el sargento y los veinte hombres salió por el claro de una barricada.
—¡Una valiente espada que perdemos, y veinte y un leones, que van á quedar tendidos á oscuras, y miserablemente! dijo el alferez Cordavias, que estaba apoyado en su bandera, al aposentador de la compañía.
—Pero yo no entiendo esto, dijo el aposentador: á nosotros nos habia relevado la compañía de Diego de Herrera, estábamos en Yator y de él no debiamos de habernos movido: el marqués parece dominado por algo terrible: vamos, no lo comprendo: ¿y á qué enviar á Belorado con esa gente?
—Yo no sé, yo no sé lo que le pasa al marqués, amigo Macías: todos le creiamos en Granada, cuando he aquí que se presenta en la posada de Belorado... yo estaba con él, y con dos buenas mozas.—Que se vayan esas mujeres, dijo el marqués.
Por mas que nos extrañase esta salida tan descortés, porque al fin, si él es título de Castilla no es mas hidalgo que nosotros, venia de tal manera que nos causó espanto: venia con la cabeza descubierta, con el semblante desencajado: mojado de piés á cabeza; mas que mojado, cubierto de lodo; miraba en torno suyo de una manera insensata, y arrojaba llamas por los ojos. ¿Veís que es buen mozo y buena cara? pues daba miedo: cuando salieron las mujeres dijo á Belorado.—Dadme vestidos y vos Cordavias, haced que los trompetas toquen llamada de infantes, y á la plaza con la gente.
Yo salí: algunos minutos despues, y antes de que hubiese acudido toda la compañía, vi venir al capitan vestido con otras ropas, y con una coraza limpia al lado del teniente, ¿y no habeis reparado? trae sobre la coraza una cadena de oro, y pendiente de la cadena una rica joya.