—¡Ah de abajo! gritó el emir asomándose á la boca de la cueva.
Poco despues subió Suleiman.
—Que se reunan al momento cuarenta monfíes, y mi caballo.
Poco despues el emir cabalgaba en el fondo del barranco y Suleiman, á quien habia hablado algunas palabras Yaye, dijo al marqués.
—Sígueme, señor.
El marqués miró á Yaye.
—Síguele, síguele, hijo mio, dijo el emir: él te llevará á lugar seguro.
El marqués siguió á Suleiman y Yaye siguió adelante con su gente, á gran paso, salvando todo género de obstáculos, por lo mas áspero de la montaña.
De repente los monfíes que iban de descubierta, se detuvieron y se encararon las ballestas que llevaban armadas.
—¿Quién va? gritó el que iba mas adelante.