—¿Y sabeis tambien, poderoso señor, quiénes han sido los ladrones? ¿Sabeis quién puede haberlos pagado?
—¡Qué! ¿no habeis podido vosotros conocer á los robadores?
—Eran piratas berberiscos, dijo Harum.
—Corsarios berberiscos eran, repitió Calpuc.
—Si, si, unos horribles berberiscos, con bonetes encarnados, añadió don César de Arévalo.
—¿Pero no sabeis que los monfíes que han ido á Granada con Farax-Aben-Farax, llevaban muchos vestidos berberiscos y bonetes colorados para hacer creer á los de Granada que habian venido á ayudarnos los africanos?
—¡Ah! exclamó como quien encuentra una difícil solucion Harum. Ya decia yo. Farax-Aben-Farax debia ya de estar en marcha para Granada cuando sucedió la desgracia.
—¿Y qué importa? ¿No pudiste conocer á ninguno de los robadores?
—No señor.
—¿Y por qué no los perseguísteis?