De cómo puede parecer feliz y aun serlo á medias un desgraciado.

En vano, como sabemos, habia pretendido Yaye apoderarse de Aben-Aboo.

Aben-Aboo no parecia.

Del mismo modo Angiolina Visconti, doña Elvira de Céspedes y Aben-Jahuar habian desaparecido.

En vano Yaye apuró cuantos recursos tenia en su mano para descubrir su paradero.

Los monfíes no pudieron dar con ellos.

Entonces Yaye desesperado se volvió á buscar consuelo á la única persona que podia dárselo: á doña Isabel de Córdoba y de Válor.

Pero para que esta pudiera darle aquel consuelo, era preciso que fuese feliz.

Para esto era preciso engañarla hasta cierto punto.

Y decimos hasta cierto punto, porque una de las cosas que Yaye necesitaba hacer para que la felicidad de doña Isabel fuese una verdad, era bautizarse y casarse legitimamente ante la Iglesia Católica con ella.