—No, no; nuestro hijo, cuando sepa que Amina es su hermana, se horrorizará de su amor y le olvidará, le sustituirá con otro... ademas, yo no estoy seguro... necesito averiguar... probar... en esto pasará algun tiempo... y en ese tiempo te obligo á hacer un pequeño sacrificio.

—Ante todo júrame que estás seguro de que podemos salvar á nuestros hijos.

—Lo estoy, contestó Yaye.

—Pues bien, sepa Diego en buen hora que soy su madre.

—El sacrificio que acabo de indicarte, es mas sencillo. Se trataba de mi casamiento ante mi pueblo, de un casamiento aparente...

—¿Con quién?...

—Con la sultana Howara, dijo Yaye sonriendo.

—¡Casarte tú!... segun las costumbres de los moros, ese matrimonio debe consumarse, debe presentarse un testimonio á la córte... y yo... yo no puedo permitir eso... tú me has engañado de una manera infame.

Y doña Isabel se levantó con la cólera de una leona.

—Es que ese matrimonio está consumado, dijo Yaye sonriendo.