Temeroso Aben-Aboo de que embarazado por Amina y por su hija, diesen con él los monfíes que le buscaban, como ya habia estado á punto de suceder alguna vez, buscó el subterráneo por las señas que tan misteriosamente le habian dado, y encerró en él á Amina y á su hija.

Aben-Aboo se encontraba, como Yaye, sin poder ir ni atrás ni adelante. Su tio Aben-Jahuar le habia metido de una manera insidiosa en aquel laberinto, del cual el jóven no encontraba la salida.

Sabia, á no dudarlo, que el emir no tenia duda alguna de que él habia sido el raptor de Amina: sabia que del mismo modo que Yaye le habia colmado de beneficios, se ensangrentaria con él, si le habia á las manos, porque sabia demasiado hasta donde llegaba la tremenda justicia del emir. Habia conocido al fin claramente, que su tio Aben-Jahuar le habia envuelto con una intencion refinadamente traidora en aquel compromiso, y en vez de presentarse lealmente á Yaye, para manifestarle la verdad de los hechos é implorar su perdon, le aconsejó su miedo deshacerse á todo trance y cuando pudiese del hombre que se lo inspiraba.

La muerte del emir estaba decretada en el pensamiento de Aben-Aboo como un medio de seguridad; la de Aben-Jahuar como la satisfaccion de la venganza de una parte, y por otra como una medida prudente que debia librarle de un rival peligroso, porque Aben-Aboo habia comprendido de una manera clara que el objeto de Aben-Jahuar era destruir cuantos obstáculos se oponian á su ambicion, y quedar solo, como señor soberano, al frente de la rebelion de los moriscos.

Para esto necesitaba Aben-Aboo una alianza, y la buseó, ó mejor dicho, aplazó el buscarla en Aben-Humeya.

Aben-Aboo entraba de lleno impulsado por su ambicion y por su miedo en la senda del crimen.

Sin embargo, y como á mujer, habia tratado y trataba con un profundo respeto á Amina.

Consistía esto, primero: en que Aben-Aboo no amaba á Amina, porque estaba enamorado de la princesa: segundo, en que habiendo resuelto deshacerse por medio del asesinato de Yaye, el resto de conciencia que le quedaba le separaba de la jóven: y tercero, en que, prescindiendo de estos dos antecedentes, sabia que Amina jamás podria ser para él mas que una esclava violentada.

Aben-Aboo tenia en Amina una carga que conservaba por temor, y que en todo caso podia servirle para dictar condiciones al emir.

Asi es que cuando Aben-Aboo bajaba todos los dias al subterráneo á cuidar de Amina, no la hablaba una sola palabra.