—Una sola palabra, Elvira.
—¿Cuál?
—¿No has sido tu tambien adúltera?
—¡Yo!
—¿No has sido amante de Yaye?
—¡Yo amante de ese miserable!
—Pronto me darás una prueba de si le amas ó le aborreces.
—¡Una prueba!
—Si, porque si es cierta tu sed de venganza muy pronto vas á ser vengada.
—¡Vengada! exclamó doña Elvira, y palideció y se extremeció.