El jóven iba solo, vestido á la berberisca y armado con un arcabuz.

Dentro de la cueva estaba una vieja calentándose junto á un fuego medio extinguido, y asando castañas.

Cuando entró, el jóven se dirigió á la vieja.

—¿Ha pasado alguien? dijo Aben-Aboo.

—¡Nadie! dijo la vieja: hoy como todos los dias el barranco ha estado solitario; solo he visto á lo lejos por la loma de la fuente pasar un pastor de cabras.

—¿Y no se acercó?

—No.

—¿Qué hizo?

—¿Qué hizo? estar parado algun tiempo apoyado en su báculo.

—¿Y nada mas? ya te he dicho que observes bien cuanto hagan los que pasen cerca ó lejos de la cueva.