—¿Qué hizo? no me acuerdo de que haya hecho nada.

—¡Nada! exclamó con impaciencia Aben-Aboo.

—Nada hizo, solamente puso un lazo en un madroño.

—¡Ah! ¿un lazo para coger gorriones?

—Eso es.

—¿Y no volvió?

—No por cierto; aunque á poco de irse, cayó un gorrion en el lazo: yo esperé algún tiempo á ver si volvia, y como no volvia, atravesé el barranco, llegué al madroño, cogí el gorrión, me le traje, le asé y me le comi.

—¡Un lazo para coger gorriones! murmuró Aben-Aboo.

Y luego sacando de su bolsillo unas monedas de plata, dijo á la vieja:

—Vete.