Aben-Aboo franqueó la puerta.
—¡Qué oscura y qué callada está la noche! dijo la vieja, asomando á la puerta la cabeza: pero á bien que dentro de dos horas saldrá la luna. Que Dios os guarde, hermoso señor.
Y la vieja se rebujó la cabeza en un andrajo, salió de la cueva, y pronto se perdió entre la oscuridad.
Aben-Aboo cerró entonces fuertemente la puerta.
—¡Un lazo para coger gorriones! repitió Aben-Aboo, tomando de un hueco de la cueva una linterna, y encendiéndola con una astilla del fuego: esa es la señal convenida: ¡esta noche! ¡esta noche al fin!
Aben-Aboo se estremeció, y permaneció inmóvil con la linterna en la mano.
—¡Esta noche...! ese hombre, ese castellano es terrible: me ha probado casi que el emir es el asesino de mi padre: me ha probado que mi madre es una infame; ella amaba al emir antes de casarse con mi padre: recien casado con ella, don Diego de Válor y mi tio Aben-Jahuar se llevaron consigo á mi padre, y la justicia le encontró despues muerto de hambre y herido en el mismo lugar donde tengo escondida á la sultana Amina: ¡Dios es justo y misericordioso! Pero aun no estoy satisfecho: ese Godinez ó ese demonio en quien parece confiar tanto doña Elvira, la madre de Aben-Humeya, no me ha presentado ninguna prueba concluyente: es cierto que me ha hecho reparar en muchas circunstancias que casi me convencen... pero me ha dicho que la prueba indudable la tiene la princesa, que por su rivalidad con Amina, se la procuró: la princesa está en mi poder... puedo tocar la verdad, y sin embargo esa verdad me estremece.
Aben-Aboo dió un paso hácia una oscura gruta de la cueva que conducia al interior, y se detuvo otra vez irresoluto.
—¿Seré yo acaso el instrumento de una venganza infame? se dijo: pero no: la princesa... la princesa me embriaga... parece amarme... ¿pero estaré yo ciego? sin embargo la princesa me domina, sabe que soy su esclavo... sabe cuánto la amo, que mi amor puede arrastrarme á una violencia, y sin embargo, se encuentra conmigo alegre, satisfecha, tranquila: solo me opone que mientras viva el marqués de la Guardia... indudablemente el amor que ha tenido al marqués se ha convertido en odio... y yo... yo la amo mas cada dia. Es necesario resolverse.
Y Aben-Aboo penetró en aquel antro.