—¿No te digo que seria para mí un horrible sacrificio?

—Me poneis en confusion, madre.

—Mi esposo te sacará de ella. Adios.

—¿Tardará mucho en venir, madre?

—Tardará un tanto, porque necesito prevenirle. Adios.

Y doña Isabel, conmovida y trémula escapó.

Aben-Aboo se quedó solo.

—Si, si, dijo: sin duda pretenden revelarme, que mi padre murió á manos de mi tio don Diego de Córdoba y de Válor: pero es ya tarde; ya sé á lo que debo atenerme: ¿se referirá esa revelacion á Amina? ¿Quién sube? pero es preciso no perder el tiempo; ¡ola! ¡eh! ¡primo! ¡subid, y subid pronto! dijo Aben-Aboo en voz breve asomándose á la ventana.

Poco despues otro hombre entró en la habitacion.

Era Aben-Humeya.