—La jugaremos...

—Y quien la gane....

—La encerrará en su haren.

—Convenido.

—Me parece que suenan pasos.

—¡Oh! ¡si! debe ser el emir; escóndete y está pronto: cuando yo me abrace á él, hiérele tú por detrás.

—Esconderme ¿y dónde?

—Aquí, tras de este tapiz. Pronto; ocúltate.

Aben-Humeya se escondió.

En aquel momento se abrió la puerta y apareció Yaye.