—¿Es decir que desde hoy todos somos hermanos? gritó Harum.
—Si.
—¿Que todos nos obligamos á ayudarnos, defendernos y avisarnos?
—Si.
—¿Que en cualquier tiempo y ocasion puedo contar con vosotros cuando os llame?
—Si.
—¡En el nombre de Dios Altísimo y Unico! ¡que ninguno de vosotros olvide lo que ha jurado, sino quiere ser tenido por infame y traidor!
—¡No! ¡no! gritaron en coro los monfíes.
—Pues bien: que ninguno de vosotros diga ni aun á su padre el nombre de los asesinos del emir.
—¡No! ¡no!