—¡Ah! ¡infeliz! dijo Angiolina, dominando su alegría por la desgracia de Amina, como Harum habia devorado su odio.
—La misma sultana... ¿quién sabe lo que ha sido de la sultana?
—¿Qué no lo sabeis Harum? dijo insidiosamente Angiolina.
—No.
—Pues mirad, para eso os habia detenido, para preguntaros por ella.
—¿Y qué os importa ya la sultana Amina? ¿no ha muerto el hombre que os hacia enemigas?
—Creo que no, dijo con fijeza Angiolina.
—Desengañaos, señora; cuando yo os busqué la primera vez para que me ayudáseis en nuestra comun desgracia, os dije la verdad. El marqués pereció en la voladura de un subterráneo cuando perseguia á Aben-Aboo que se llevaba robada á su esposa.
—¿Y si yo os dijese que el marqués de la Guardia vive?
—¿Que vive el marqués de la Guardia? exclamó con la expresion de la mayor extrañeza Harum. Seria necesario creer en un milagro.