—Ese milagro le ha efectuado Dios, compadecido sin duda de mí, que por la muerte del marqués hubiera muerto de dolor.

—Pero eso es imposible: os aseguro, á fuer de buen creyente, que vi perecer al marqués de la Guardia.

—Os engañásteis: yo sé que vive. Y vamos claros, Harum: vos sabeis tambien como yo que vive.

—¡Yo!

—Si, es mas: vos me habeis traido el consuelo de la certeza de su existencia.

—¡Yo!

—¡Si, vos! ¿os acordais de un dia en que vinisteis á ver al rey, que os habia llamado?

Este rey que citaba Angiolina, era Aben-Humeya.

—Si, si, es verdad; hace seis meses.

—Cabalmente.