—Una apuesta.
—¿A propósito de qué?...
—Acometamos los dos esta empresa.
—Acepto.
—Vos no conoceis á Doña Elvira mas que lo que la conozco yo. Como yo sabeis que está en el convento de santa Isabel la Real, que es huérfana, que está bajo la tutela de la abadesa.
—Muy bien: ¿y qué apostamos?
—Vuestro caballo Infante, contra mi yegua Niña.
—Es decir que si os gano, me quedo con vuestra protegida y con vuestra yegua.
—Cabalmente.
—Determinemos la apuesta.