—El que saque del convento legítimamente ó no á doña Elvira, en una palabra, el que sea preferido por ella, gana.
—Aceptado.
—¿En cuánto tiempo?
—En quince dias, dijo don Diego de Válor.
—Sea en quince dias.
—Ademas hagamos otra apuesta, dijo don Diego, que era muy previsor.
—¿Cuál?
—Podrá suceder que para sacar á doña Elvira del convento sea necesario casarse con ella.
—¡Diablo!
—Yo lo preveo todo: una vez empeñados, no repararemos en nada, y como es hidalga y hermosa, y entrambos estamos libres... ¿quién sabe?...