—Esperad: voy á ayudaros á recordar, dijo Angiolina sacando de su seno dos papeles doblados.
Desdobló el uno y leyó lo siguiente:
«Señor marqués de la Guardia: soy un cautivo cristiano, que para librarme de la muerte he renegado en la apariencia y estoy como soldado entre las gentes de Aben-Aboo. A fuerza de fingir y de disimular, he logrado la confianza de este moro, hasta el punto de que con mucha frecuencia me confió la guarda de una mujer que tiene presa en una cueva en el barranco de la fuente de la Zorra. Esta dama que es jóven y hermosa, se ha atrevido hoy á confiarse á mí, me ha contado su historia y me ha pedido que la ayude. Yo no he podido negarme á ello, porque esa dama es vuestra esposa doña Esperanza de Cárdenas, duquesa de la Jarilla. Escribidla para que se tranquilice acerca de vos, porque Aben-Aboo la afirma que habeis muerto: no sabiendo yo vuestro paradero, y habiéndome dicho doña Esperanza que el wazir Harum-el-Geniz os buscaria si no sabia vuestro paradero, dirijo esta carta al dicho Harum, y le suplico que os busque y os la entregue: doña Esperanza no escribe, porque me es imposible procurarla los medios; espera vuestra esposa una contestacion pronta: dádsela por Dios, porque si tarda creerá que habeis muerto: vuestro servidor que os besa las manos.—Juan de Carreño.»
—Vos debisteis recibir esta carta, Harum, añadió la italiana, y dársela al marqués, porque á los ocho dias recibí esta otra escrita del puño y letra de don Juan: llena de ternezas á su esposa, avisándola de que corria á salvarla...?
—¿Estais segura, señora, de que esta carta está escrita por el marqués...
—¿Quereis que no conozca su letra cuando aun tengo en mi poder las cartas de amor que me escribia hace dos años, cuando pretendia ser mi amante y yo le desdeñaba?
—De modo que...
—Si, Harum, si, os he tendido un lazo porque amo.
—¿Amais al marqués á pesar de haberse casado con otra?
—Cabalmente por eso le amo mas.