—¿De que rey he de hablar?, contestó el morisco, sino del alto el grande Muley Aben-Humeya, á quien Dios ensalze...
—Cuadra muy mal tu comisión con tu torpeza, moro, dijo con recelo Carcax.
—Tiene trazas de espía de los cristianos, dijo con acento de amenaza Huscen.
—Esta carta responderá por mí, dijo Diego Alguacil sacando del seno la que le habia dado en Andarax Aben-Aboo.
—De Aben-Humeya, sultan de Andalucía al alcaide de Mecina de Bombaron, dijo Carcax leyendo el sobre escrito de la carta que habia tomado de manos de Diego Alguacil.
Aben-Aboo, miró recatadamente á los turcos con una mirada enérgicamente significativa, con la que parecia decirles:
—Necesitamos apoderarnos de esa carta.
Y luego añadió volviéndose á Diego Alguacil como si no le conociera:
—Ven conmigo: llevo el mismo camino que tú y antes del alba habremos llegado á Mecina de Bombaron.
Alí adelantó receloso.