—Vamos, contestó Aben-Aboo.

Poco despues los dos moriscos habian desaparecido entre las quebraduras.

CAPITULO XLV.

En que volvemos á encontrar al perdido marqués de la Guardia, y se sabe cómo escapó del subterráneo de la princesa encantada, y la escena que tuvo con su antigua amante.

Entre tanto, á pesar de la lluvia y del frio, y á través de breñas y despeñaderos, habia seguido Angiolina á Harum-el-Geniz.

El monfí se detuvo un momento, habló algunas palabras con otros monfíes, y él y Angiolina pasaron.

Anduvieron aun algun tiempo.

Al fin la italiana vió una luz entre la oscuridad.

—¿Está el marqués de la Guardia donde brilla aquella luz? dijo:

—Si; contestó secamente Harum.