—¿No os he dicho que soy capaz de todo por él?

—Creo haber oido decir que Aben-Aboo os ama.

—Aunque no me amara, yo le obligaria á amarme.

—Obligad á Aben-Aboo, enamoradle, sed suya, embriagadle.

—Lo haré, contestó sin vacilar Angiolina.

—Y averiguad, descubrid, dónde para la sultana... salvadle... salvad acaso á ese pobre loco...

—Lo haré... ¡pero los medios!... los medios, dádmelos vos.

—Esta noche irá Aben-Aboo á matar á Aben-Humeya.

—¡Ah! me pondré á su paso... él estaba enamorado de mí... salvaré á vuestra señora, Harum, si está en poder de Aben-Aboo, y si el amor de doña Esperanza vuelve la razon y la salud al marqués, si son felices, despues que yo muera, decidles: su amor la hizo cometer crímenes: su amor os fue fatal, pero tambien su amor os ha salvado: perdonadla y rogad á Dios por ella.

—¡Vamos! ¡vamos! no sois tan malvada como yo creia. Asios bien á mi brazo, y volvámonos á Andarax. Se acerca la hora.