La anciana parienta se prestó y despues de la misa fueron al locutorio.
La casualidad favoreció á don Diego.
Como sabemos, la abadesa llevó consigo al locutorio á doña Elvira.
Vióse esta mirada por la primera vez de una manera ardiente; vió tambien por la primera vez de su vida á un hombre que era casi tan hermoso como ella, y se enamoró.
Don Diego, por su parte, se enamoró tambien.
Aquella misma tarde el andadero del convento tuvo medio de poner en las manos de doña Elvira una carta de don Diego.
Aquella carta encerraba las primeras palabras de amor que se habian dirigido por un hombre á doña Elvira.
Esta, sin embargo, no contestó.
Al dia siguiente la abadesa llamó á su celda á doña Elvira, y la dijo toda trémula y asustada que el marqués de la Guardia la pedia por esposa.
Doña Elvira dijo que no conocia al marqués, y que no pensaba casarse con él.