—Mal nombre la habeis puesto, porque la otra sultana Zoraya, hija como esta de cristiano, y esposa de Muley Hacem, fue muy desgraciada.
—¿A qué es esa inútil disputa? dijo una nueva voz terciando en la conversacion: os he llamado y habeis venido; Aben-Humeya está descuidado y ha llegado el momento de obrar.
Quien asi hablaba, era Harum, walí de los walies de los monfíes, que acaba de llegar.
—Es verdad, dijo el capitan turco Carcax: esta disputa es inútil: si los monfíes teneis derecho á llamaros dueños de las Alpujarras, nosotros que hemos venido de Africa á ayudaros, tenemos tambien derecho á que se nos trate lealmente, á que se nos honre, á que se cumplan los pactos que hemos establecido: en vez de esto se pretende destruirnos, se nos acecha, y se nos manda matar: debemos, pues, vengarnos, y nos vengaremos matando á Aben-Humeya.
—Aben-Humeya es rey de Granada, exclamó Harum.
—¿Y pretenderás acaso disuadirnos de nuestra venganza? exclamó Alí: ¿ignoras que tenemos la prueba de la traicion del rey contra nosotros?
—Aben-Humeya debe morir, exclamó Farax-Aben-Farax, pero debe pensarse en un nuevo rey.
—¿Y qué rey pensais que debemos elegir, caballeros? dijo Harum.
Sucedió un silencio solemne...
En medio de él, se alzó la voz de Aben-Aboo.