—Quien eso dice miente, exclamó Harum fuera de sí de cólera: ni yo ni mis monfíes somos traidores; y en prueba de ello seguidme los que querais.

Y Harum tiró por un barranco arriba en direccion de la villa.

Inmediatamente le seguia Aben-Aboo.

Despues Gironcillo de la Vega, Suleiman, los tres capitanes turcos, y como quinientos hombres entre turcos, moriscos y monfíes.

Aquella gente caminaba en silencio sin pronunciar una sola palabra, apagadas sus pisadas sobre la tierra empapada por la lluvia.

A pesar de la gente que tenia en el pueblo Aben-Humeya, ni un solo hombre armado ni que se les opusiese, ni que diese aviso ó hiciera señal, encontraron los conspiradores, en su tránsito por la villa hasta la plaza.

Cuando entraron en ella, Harum vió puesta una luz tras la celosía de un agimez sobre la puerta.

Aquella luz, era la señal concertada entre él y María de Rojas.

Aquella luz era la señal de que Aben-Aboo estaba en su casa y de que habia llegado la hora.

Harum, Aben-Aboo, los turcos, Gironcillo, Suleiman y sus gentes, avanzaron en silencio hácia la casa.